Abstract
<jats:p>Escrito originalmente como entrada en un Diccionario, el artículo procuró definir, con el riesgo que conlleva y las limitaciones que impone definir, la estructura teórica del programa que estábamos desarrollando, su núcleo duro, fundado en la covariancia de los significantes cuerpo, prácticas corporales, sujeto, enseñanza. Covariancia significa que ninguno de estos significantes es primero o puede considerarse aislado, cada uno toma su valor de la relación con los otros. Así, en Educación Corporal, el cuerpo no es natural, ni dado ni primario. Como el ser que en él se sostiene, y para el cual se constituye, es efecto del lenguaje y el discurso. Cuerpo y sujeto se constituyen, para nuestra disciplina, en las prácticas corporales, que no son actividades físicas, ni movimiento humano, ni lo que alguien hace con su cuerpo, sino, muy precisamente, las prácticas históricas, por ende políticas, que toman por objeto al cuerpo en un momento dado de una sociedad dada. Sujeto, entonces, no designa una persona, un individuo, un ciudadano, ni un yo, un psiquismo o una identidad en sí misma; más bien indica la marca misma de la falta de identidad de alguien o algo consigo mismo. Tampoco se concibe como un epifenómeno del cuerpo; no está dentro del cuerpo ni determinado por él, embraga en el cuerpo, se articula a un cuerpo que se constituye para él sin saber que el lenguaje y el discurso lo disciernen para él. Consecuentemente, no podemos pensar la educación como un proceso intersubjetivo, en el que un sujeto enseña y otro aprende, o uno acompaña y guía al otro, para que se desarrolle, crezca, madure, según su naturaleza o su propia individualidad, sino como una relación de saber que no toma a dos sujetos tal como son para juntarlos, sino que los constituye como sujetos en la relación misma que los hace acceder a una dimensión nueva. Luego, la ciencia que mejor nos orienta para abordar esta estructura es la lógica, no la biología o la psicología.</jats:p>