Abstract
<jats:p>Este artículo se publicó inicialmente en 2007, con un título que para esta edición fue cambiado. Aquel dice, de algún modo, lo mismo que este, pero lo dice con demasiada idealización, con proposiciones de demostración difícil e ímpetu excesivo, con más deseos que argumentos. Sin embargo, no ha cambiado el estilo sino las referencias. El original da a la filosofía un lugar que no es el que ella debe ocupar cuando se quiere avanzar en el camino de la ciencia. En esa vía, su lugar no es el de guía sino el de dialectizarse con la ciencia, en pro de un racionalismo creciente y siempre rectificado. En la Educación Física se ha hablado mucho de los «fundamentos»: casi todo el siglo XX. Se buscaron y, por supuesto, se encontraron sus fundamentos pedagógicos, filosóficos, antropológicos, científicos. Se le procuró su razón de ser y se la explicó racionalmente. No se revisó su historia «efectiva» porque ella no permite reconciliar los ideales con la procedencia. Es necesario asumir, desde el principio, nuestra condición de disciplina dependiente de la medicina social y urbana que la creó, a fines del siglo XIX, para hacer hombres y mujeres económicamente productivos y políticamente dóciles. Desde entonces, han cambiado las referencias, pero no su exterioridad. Se las ha buscado –y encontrado- en la psicología, la pedagogía, la antropología, la sociología, la fenomenología, la teoría crítica, el psicoanálisis. Pero la teoría no puede importarse, la práctica no requiere «fundamento» sino una estructura que le sea inherente. No se trata en ella de comprender y aplicar, ni de explicar, sino de operar, de producir hechos nuevos. La tarea de la ciencia no es la de fundamentar sino la de volverse sobre la técnica para «hacer la teoría de la práctica».</jats:p>